UGT expresa su preocupación por el resultado de la primera vuelta en Brasil y reafirma su apoyo a Lula, al PT y a la CUT
El sindicato alerta de que una victoria de Flávio Bolsonaro el próximo 25 de octubre supondría un retroceso para la clase trabajadora brasileña y un riesgo para la soberanía de Brasil y de toda la región
Fecha: 06 Oct 2026
La Unión General de Trabajadoras y Trabajadores (UGT) recibe con profunda preocupación el resultado de la primera vuelta de las elecciones presidenciales celebradas ayer en Brasil. Con el 99,9 % de las urnas escrutadas, Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03 % de los votos válidos, frente al 45,16 % de Lula, por lo que ambos se enfrentarán en una segunda vuelta el 25 de octubre. Nada está decidido y UGT hace un llamamiento a la movilización de la clase trabajadora brasileña para defender en las urnas todo lo conquistado.
No se puede entender esta candidatura sin recordar lo que fue el mandato de Jair Bolsonaro. Su Gobierno impulsó la reforma de las pensiones, la desregulación laboral bajo la llamada Ley de Libertad Económica, el ataque sistemático a los sindicatos, la destrucción de la Amazonía y una gestión negacionista de la pandemia que costó cientos de miles de vidas. Además, abandonó la política de valorización del salario mínimo, que llevaba ocho años sin aumentos reales cuando Lula la recuperó, e incrementó el número de armas en circulación dentro de la sociedad civil.
Su final fue coherente con su trayectoria: tras perder las elecciones de 2022, el Supremo Tribunal Federal lo condenó a más de 25 años de prisión por intentar revertir el resultado electoral y fue detenido en 2025, tras lo cual respaldó la candidatura de su hijo mayor, el senador Flávio Bolsonaro. Flávio es la continuidad directa de ese proyecto golpista.
Desde una perspectiva sindical, el programa de Flávio Bolsonaro es una amenaza explícita a los derechos laborales. Su propuesta contempla facilitar el acceso a empleos precarios, un nuevo ataque contra los sindicatos, recortes en los servicios y el empleo públicos y otra reforma de las pensiones, además de derogar las normas de seguridad y protección en el lugar de trabajo. Su equipo ha anunciado que enviaría una enmienda constitucional para recortar el gasto incluso antes de asumir el cargo. Es la receta de la austeridad y la desprotección que ya conoce la clase trabajadora brasileña.
UGT alerta especialmente de la subordinación de esta candidatura a los intereses de Washington. Flávio Bolsonaro ha viajado seis veces a Estados Unidos en este año electoral y ha presentado propuestas que coinciden con parte de las 21 exigencias que Trump planteó a Brasil en 2025, incluida la retirada del arancel al etanol estadounidense. Ha llegado a pedir que las nuevas sanciones arancelarias contra su propio país se aplazaran hasta después de las elecciones y pretende negociar una zona de libre comercio con Estados Unidos, Canadá y México, tomando como modelo la relación entre Trump y Milei. No es casual que Javier Milei fuera de los primeros en felicitarle.
Su propuesta de clasificar a las facciones criminales como organizaciones narcoterroristas abre la puerta a intervenciones alineadas con la política exterior estadounidense. Una victoria de Flávio Bolsonaro debilitaría la labor intersindical y civil de cooperación que se desarrolla en el marco del acuerdo Mercosur, la integración latinoamericana y la autonomía estratégica de la región, convirtiendo a la principal economía de América del Sur en una pieza más del proyecto de la extrema derecha global.
Frente a ello, el Gobierno de Lula ha demostrado que otra política es posible. Brasil ha cerrado con la menor tasa de desempleo de su historia y récords en empleo formal y en renta media de las y los trabajadores. Lula ha sacado a millones de personas de la pobreza extrema y el hambre en Brasil con programas como Bolsa Família, ha fortalecido la agricultura familiar y ha revalorizado el salario mínimo. Ha logrado la exención del Impuesto sobre la Renta para quienes ganan menos de 5.000 reales al mes, financiada con un impuesto mínimo para los más ricos, y hoy Brasil registra los menores índices de pobreza y desigualdad de su historia. Además, el Gobierno ha hecho frente al tarifazo impuesto por Estados Unidos defendiendo la soberanía nacional, y Lula ha asumido como propia la reivindicación del fin de la jornada 6x1 sin reducción salarial, una demanda histórica del movimiento sindical.
UGT reafirma su apoyo pleno al presidente Lula, al Partido de los Trabajadores y a nuestra organización hermana, la Central Única dos Trabalhadores (CUT Brasil), en estas tres semanas decisivas. Lo que está en juego el 25 de octubre no es solo el futuro de Brasil, sino el de la democracia, los derechos laborales y la soberanía de toda América Latina. La clase trabajadora brasileña ya derrotó al bolsonarismo en 2022 y puede volver a hacerlo.
