Día de Europa: Una nueva encrucijada en el 70 Aniversario de la Declaración Schuman

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Son necesarias políticas sociales ambiciosas para reconstruir la confianza en Europa


► El sindicalismo europeo denuncia el progresivo alejamiento de los principios fundacionales del proyecto de la UE.

► Es prioritario reforzar derechos, aumentar la protección de los trabajadores, impulsar el diálogo social, la negociación colectiva y la participación de los y las trabajadoras para hacer que la UE se acerque a la mayoría social que la conforma.

► Ahora más que nunca, la solidaridad es fundamental para proteger la economía, la sociedad y el mundo del trabajo, y para mantener la convergencia entre Estados y la credibilidad del proyecto europeo.


En el Día de Europa, se conmemora también el 70 aniversario de la declaración de Robert Schuman (ministro francés de Asuntos Exteriores) en 1950, para proponer la creación de una Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA). La primera institución europea supranacional, con la que se iniciaría la formación de una serie de instituciones que hoy conforman la Unión Europea (UE).

En estos setenta años, el viejo continente se ha transformado y mucho, pero el movimiento sindical europeo sigue denunciando el progresivo alejamiento de los principios fundacionales del proyecto europeo y anhelando una Unión Europea que respete los Derechos Humanos y los valores de paz y solidaridad que la fundaron.

Como miembro fundador de la Confederación Europea de Sindicatos (CES) en 1973, la Unión General de Trabajadores se reafirma en la necesidad de reforzar los derechos, la protección y la salud y seguridad de los trabajadores y los sindicatos, así como el diálogo social, la negociación colectiva y la participación de los y las trabajadoras, como herramientas fundamentales para hacer que la Unión Europea se acerque a la mayoría social que la conforma.

El sindicato advierte de que en estos tiempos del COVID-19, el programa planteado por la nueva Comisión Europea ha vuelto a desdibujarse. La idea inicial que nacía con el objetivo de darle un nuevo impulso a la Unión y que iba a articularse en torno a una gran conferencia ha desaparecido y esta conmemoración del día de Europa (que era el día elegido para dar a conocer esta gran conferencia sobre el Futuro de Europa, y que relanzase la construcción e integración europea sobre unas bases renovadas) una vez más, devaluado. En el momento en el que más necesario era un nuevo empuje, ya iniciada la reconstrucción de esta crisis, la Unión ha decidido ponerse en modo pausa. 

Cuando la presidenta Von der Layen presentó el programa político al inicio de su mandato, UGT coincidía con ella en subrayar la necesidad de unas políticas sociales ambiciosas para reconstruir la confianza con las y los trabajadores después de la crisis financiera. Hoy, tras las nefastas consecuencias que la crisis del COVID-19 tendrá a escala mundial, aún más. 

La Comisión Europea debe cumplir su programa

El programa de trabajo contiene varias iniciativas positivas, incluido un compromiso de definir un plan de acción para la implementación del Pilar Europeo de Derechos sociales, y para diseñar un plan de desempleo europeo, además de una Estrategia de igualdad de género y medidas vinculantes de transparencia salarial. 

UGT no renuncia y exige que se abandonen las políticas de austeridad por inversión pública, el crecimiento económico y la cohesión social y exige a la Comisión Europea que cumpla con su programa.

La iniciativa prevista sobre salarios mínimos debería cumplir la promesa de un mínimo justo para el conjunto de la clase trabajadora en Europa, y promover el derecho de los y las trabajadoras a organizarse y negociar colectivamente por salarios justos. Cualquier iniciativa en esta área debe salvaguardar completamente el buen funcionamiento de la negociación colectiva y los sistemas de relaciones industriales y negociación colectiva.

Los sindicatos europeos hemos dado la bienvenida al Acuerdo Verde Europeo (Green Deal), a la ambición de que Europa sea el primer continente neutro en 2050 y especialmente a la propuesta de un Mecanismo de Transición Justa. Para garantizar una transición inclusiva y justa, que no deje a nadie atrás, y que se haga bajo los criterios de la justicia climática. Para ello se necesitan fondos suficientes y dar más énfasis al papel de los interlocutores sociales en la gobernanza del Pacto Verde.

Exigimos que estas prioridades no caigan en el olvido tras esta crisis, y estamos convencidos que las políticas climáticas, que las políticas sociales, la participación de la clase obrera son elementos claves e imprescindibles para remontar esta crisis económica y social sin precedentes, si no queremos abocar al conjunto de la Unión y a muchos de sus Estados miembro a una crisis política de certeras nefastas consecuencias. 

La credibilidad de la UE está en juego

Los Estados miembro deben afrontar este reto con solidaridad y unidad, cómo así se hizo hace ya 70 años. Si las instituciones europeas no adoptan urgentemente un marco financiero plurianual social y solidario, en el que se dota a los Estados miembro de los recursos necesarios para hacer frente a todos los retos que la crisis de la pandemia del COVID-19 ha acrecentado (sanitarios, laborales, económicos y sociales) y que permita la cohesión, también luchando contra las desigualdades territoriales, estarán condenando –y puede que en esta ocasión, de una vez por todas-, a la Unión a su autodestrucción. 

A la luz de los acontecimientos actuales, este Programa de la Comisión adolece, a juicio de UGT, de elementos importantes, como lo son la salud y seguridad en el trabajo (con más de 4.000 accidentes mortales anuales en los centros de trabajo y más de 120.000 personas que mueren por motivos laborales, así como la alarmante cifra de más de una cuarta parte de los trabajadores en Europa víctimas de estrés laboral excesivo). Por ello, el sindicato reclama una nueva y ambiciosa estrategia de la UE sobre seguridad y salud en el trabajo, así como iniciativas para fortalecer la democracia en el trabajo y una directiva europea sobre la debida diligencia de derechos humanos y conducta empresarial responsable.

La solidaridad es hoy más crucial que nunca no solo para ayudar a mantener la convergencia entre los Estados miembro y, por lo tanto, ayudar a proteger la economía, la sociedad y el mundo del trabajo europeos, sino también porque es la fundamental credibilidad del proyecto europeo la que está en cuestión: la democracia, la cohesión social y económica europea y la libertad, un acervo construido durante setenta años y que trajo al continente su mayor periodo histórico de paz y crecimiento.

Como dijo Schuman en su declaración, tal día como hoy de 1950: “(Europa) se hará gracias a realizaciones concretas que creen, en primer lugar, una solidaridad de hecho”. Ahora tenemos la obligación de defender y fortalecer el proyecto europeo fomentando la confianza de la ciudadanía y demostrando que la Unión Europea es capaz de protegerla y que todos y todas nos encontramos en un lugar seguro en estos tiempos tan difíciles.