Derrota de Trump: reflexiones sindicales ante las nuevas oportunidades para Estados Unidos y para el mundo

Fecha: 11 Nov 2020

La victoria de Joe Biden en las elecciones de Estados Unidos supone una buena noticia, especialmente por el mensaje social que encierra frente a la ultraderecha en aquel país y sus repercusiones en el mundo


Al mantenimiento del consenso económico neoliberal histórico entre demócratas y republicanos, Donald Trump añadió, durante su gestión, la promoción de peligrosas tendencias antidemocráticas y discriminatorias contra diferentes sectores de la población, con especial inquina frente a la población negra, latina, inmigrante, así como contra las mujeres. 

La agresiva agenda del presidente norteamericano derivó en un escenario electoral de gran polarización, donde hay que contextualizar parcialmente los resultados electorales y el conflictivo recuento. Debe destacarse que, una diferencia superior al 3% no es de las más ajustadas de la historia reciente de los EE.UU. (Kennedy derrotó a Nixon sólo por un 0,17% de diferencia, Bush Jr. se impuso a Gore por un 0,51% y posteriormente a Kerry por un 2,46% y Obama a Romney por un 2,96%). 

Sin embargo, la nada desdeñable fuerza demostrada en estas elecciones por Trump, pese a su derrota (no hay que olvidar que ha conseguido más votos que en la anterior elección y ha aumentado sus apoyos entre minorías sociales) no debe ser desdeñada con argumentos o celebraciones simplistas que obvien las raíces socioeconómicas de su crecimiento. La falta de expectativas para la clase trabajadora, dejada de lado durante años y vendida mediante reconversiones y acuerdos comerciales bilaterales, sirvieron a Trump para conseguir hacerse, e incluso aumentar, con una base social de la que carecían tradicionalmente los republicanos.

La elección de Kamala Harris como vicepresidenta representa una buena prueba de algunos avances en las oportunidades para las mujeres en la política de Estados Unidos, donde en estas elecciones consiguieron aumentar su número de representantes de manera significativa en la Cámara de representantes (24,7% del total de congresistas), lejos aún de la paridad representativa. En este sentido, uno de los principales retos para el nuevo Gobierno será derribar las diferentes discriminaciones que las mujeres siguen sufriendo en el país, sobre todo las mujeres trabajadoras e inmigrantes. Este trabajo, sin duda, no será fácil, como lo demuestra la confirmación hace solo unos días de la conservadora jueza Amy Barrett, representante de los sectores de poder más antifeministas del país, como nuevo miembro de la Corte Suprema de Estados Unidos, en sustitución de la progresista Ruth Ginsburg. 

La fórmula demócrata ganadora, Biden-Harris, ambos con una amplia experiencia en la política y las instituciones, nos ofrece demasiadas pistas para no aventurar un cambio radical hacia políticas verdaderamente progresistas en materia económica ni en política exterior, donde el intervencionismo económico y militar forman parte desde hace décadas de la agenda exterior de los presidentes demócratas. 

Sin embargo, y más allá de la acotada esperanza que pueda representar Biden para el giro que la sociedad norteamericana necesita, los resultados de estas elecciones esconden algunas noticias esperanzadoras para la clase trabajadora estadounidense: la enorme movilización de sectores populares, la politización de las generaciones más jóvenes (con una de las mayores participaciones electorales en la historia) y la consolidación una nueva generación de líderes verdaderamente progresistas que habían apoyado la candidatura de Bernie Sanders en las primarias demócratas (Alexandria Ocasión Cortez, Rashida Tlaib, Ilhan Omar o Ayanna Presley, a quienes se han sumado nuevos congresistas de izquierda en los recientes comicios) son motivo para el optimismo. 

Otra buena noticia emanada del proceso electoral es el importante rol en defensa de la participación democrática que jugaron los sindicatos, alentando el voto ciudadano e, incluso, garantizando el correcto funcionamiento del voto por correo, defendido por los trabajadores del servicio público postal, que comenzó su lucha ante las amenazas de privatización de Trump y que acabo siendo, como se sabe, uno de los principales objetivos de los ataques del todavía Presidente durante el proceso electoral.

Biden se equivocará profundamente si desoye las voces de estas fuerzas progresistas, continúa con la consagración del capital frente al trabajo y si no actúa para las clases populares representados por estos nuevos actores de la política americana y que fueron fundamentales para asegurar el triunfo. 

La victoria demócrata tiene que ser una nueva oportunidad para la reconstrucción no sólo estadounidense, sino un punto y aparte para la creación de un verdadero orden multilateral que tome conciencia y trabaje en los principales problemas de índole global: la desigualdad, la pobreza y el cambio climático.

La mera derrota de Trump no implica la vuelta a un modelo más justo, a un modelo económico sostenible o al respeto a la soberanía de los Estados, ya que, como hemos mencionado, el pasado político de Biden y del mayoritario sector conservador del Partido Demócrata así lo indican. Pero el No a Trump sí puede y debe ser entendido como una apuesta de la mayoría de la ciudadanía norteamericana por el refuerzo y respeto a organizaciones y mecanismos internacionales al servicio de la promoción de la paz, del desarrollo justo para toda la población, la protección del medio ambiente y el orden democrático en todo el mundo. 

Es evidente que, como primera potencia económica, política y militar del planeta, resulta fundamental que el nuevo gobierno de Estados Unidos se comprometa con un verdadero multilateralismo y con la protección del medio ambiente y que éstas deben ser alguna de sus primeras líneas de trabajo. Es también justo reconocer que, sin embargo, esto no es exigible solo para el país americano sino también a España, la Unión Europea y el resto de países desarrollados, y, en consecuencia, la acción política de todos ellos debe ponerse en marcha para logar unir, converger y acordar trabajar en ese futuro en común. 

En primer lugar, se debe trabajar para la construcción de una agenda de transición económica sostenible que asegure oportunidades laborales para para los trabajadores en todo el mundo, con especial esfuerzo en las regiones mundiales que se verán más afectadas por el cambio climático o las políticas para evitarlo, lo que no se conseguirá sólo mediante la imprescindible y deseada adhesión a un acuerdo internacional como el de París (que se espera sea una de las primeras acciones de Biden). Esta perspectiva deberá estar presente, de forma transversal, en todas las decisiones de política económica y, hasta el momento, no parece ser ese el compromiso de las grandes potencias (incluyendo a Europa) que continúan promoviendo acuerdos comerciales neoliberales, antidemocráticos y sin verdadero compromiso de una transición económica y medioambiental socialmente justa.

En segundo lugar, el gobierno de Biden tendrá la oportunidad de transformar la tradicional agenda política norteamericana de injerencia en otros Estados soberanos, comenzando por América Latina: el ilegal e inhumano bloqueo a Cuba, la política con Colombia, Venezuela, Honduras y tantos y tantos Estados de su continente necesitan una profunda reflexión y un giro hacia el respeto a la democracia y los Derechos Humanos. 

Asimismo, y en clave europea, Biden deberá decidir si modifica la beligerancia de la Administración Trump con la Unión Europea (incluida su nefasta campaña probrexit). La promoción de la paz supone otro importante escenario para la nueva Administración, con la búsqueda de soluciones equilibradas para el conflicto entre Israel y Palestina como punto fundamental.

La Unión General de Trabajadores (UGT) felicita al pueblo estadounidense y a las organizaciones sindicales de ese país, AFL-CIO y demás organizaciones obreras de Estados Unidos (que han realizado un enorme esfuerzo político, económico y humano en favor de la campaña demócrata) por su éxito frente a la propuesta ultraderechista de Trump y por poner en valor el sentido y potencial de la movilización de las organizaciones sindicales y sociales como garantes de los intereses de los trabajadores, la democracia y la libertad de expresión.


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Fuente: UGT